jueves, 11 de diciembre de 2014

El espejismo de una nueva tierra.


Cuando los astrónomos buscan planetas que puedan albergar vida se fijan sobre todo en los mundos que orbitan cerca de estrellas de baja masa, las más comunes en el Universo. Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad de Washington sugiere que es posible que muchas de estas búsquedas sean en vano, ya que hace mucho tiempo que estos mundos perdieron la oportunidad de acoger vida a causa del intenso calor que sufrieron en sus años de formación. Un infierno abrasador de al menos mil grados hizo hervir sus océanos y acabó con su atmósfera. Un juego de química elevó su contenido en oxígeno, lo que puede parecer una señal esperanzadora, pero en realidad ni siquiera tienen agua. Por eso los investigadores les llaman «espejismos de la Tierra».
Las estrellas de baja masa, también llamadas enanas M, son más pequeñas que el Sol, y también mucho menos luminosas, por lo que su zona de habitabilidad, la franja de espacio en la que puede existir agua líquida en la superficie de un planeta en órbita, suele estar muy cerca.
Los planetas cercanos a sus estrellas son más fáciles de encontrar que los lejanos. Los astrónomos descubren y miden estos mundos mediante el estudio de la ligera reducción de la luz cuando transitan o pasan por delante de su estrella anfitriona. Otra fórmula para dar con ellos es medir un ligero «bamboleo» de la estrella en respuesta a la gravedad del planeta, lo que se llama método de velocidad radial.

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